La aventura de regalar cielos: Simuladores y globos en Canarias y España
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Imagina por un momento la posibilidad de regalar algo que no se pueda envolver con papel, que no ocupe espacio en un estante, pero que perdure de manera indeleble en la memoria. Hablamos de regalar emociones, sensaciones únicas que se graban a fuego en el corazón. En un mundo donde lo material a menudo se acumula sin mayor trascendencia, ofrecer una experiencia se convierte en un acto profundamente personal y significativo. España, y en particular el archipiélago canario, con su diversidad geográfica y sus climas benignos, se erigen como escenarios perfectos para vivir y obsequiar dos aventuras aéreas diametralmente opuestas en sensación pero igual de intensas: la precisa y adrenalínica simulación de vuelo y la serena y majestuosa travesía en globo aerostático. Ambas constituyen viajes sensoriales que trascienden lo cotidiano, abriendo una puerta a la ilusión y a perspectivas literalmente elevadas.
Pensemos primero en esa inquietud que a muchos nos recorre cuando vemos un avión surcar el cielo. La curiosidad por saber qué se siente al tener los mandos, al ser responsable de esa máquina compleja y poderosa. Para eso, existe una opción fascinante que combina tecnología de vanguardia con una inmersión total. Un Simulador de vuelo profesional no es un videojuego; es una réplica exacta, o muy aproximada, de la cabina de una aeronave real, con todos sus instrumentos, mandos, palancas y pantallas. Al sentarte en ese asiento, el mundo exterior desaparece. Te colocas los auriculares, donde escucharás las comunicaciones con torre de control, y tus manos se posan en el volante o yoke y en las palancas de potencia. La primera sensación es de respeto y asombro. Delante de ti, una pantalla curva o varios monitores te muestran un paisaje fotorrealista que cambia en tiempo real según tus decisiones.
La magia de surcar los cielos virtuales
La experiencia comienza con una breve pero crucial instrucción. Un piloto experimentado, o un instructor certificado, te explica los conceptos básicos: cómo elevar el morro, cómo virar suavemente, cómo mantener el nivel de vuelo. No se trata solo de mover palancas; es comprender la relación entre el avión y el aire, sentir la resistencia física de los pedales al corregir el rumbo, escuchar el cambio en el sonido de los motores al ajustar la potencia. Y entonces, despegas. La sensación realista es abrumadora. Sientes la vibración, percibes la presión al ascender, tu cuerpo registra las inclinaciones. Puedes elegir sobrevolar paisajes espectaculares, desde el dramático perfil de Teide en Tenerife, recreado con asombroso detalle, hasta la bahía de La Concha en San Sebastián, o incluso intentar un aterrizaje complicado en el aeropuerto de Madeira, famoso por su corta pista sobre el mar. La adrenalina está garantizada, pero también la satisfacción del aprendizaje. Cada minuto en el simulador es un minuto de concentración absoluta, de conexión entre tus sentidos y la máquina. Es una aventura cognitiva que te hace valorar la increíble habilidad de los pilotos, y te regala, aunque sea por una hora, la sublime y poderosa sensación de dominar el cielo. Es un regalo ideal para curiosos, para amantes de la tecnología, para quienes sueñan con volar o, simplemente, para aquellos que buscan una experiencia intensa y fuera de lo común sin salir del suelo.
Pero si la emoción del simulador reside en el control y la precisión, existe otra forma de volar que representa justo lo contrario: la entrega al viento, la paciencia y la contemplación pura. Esta es la experiencia que ofrecen los Vuelos en Globo. Aquí, la filosofía es distinta. Se trata de una danza elegante y silenciosa con los elementos, donde el piloto es más un director de orquesta que un conductor, aprovechando las corrientes de aire a diferentes alturas para guiar la nave. La aventura comienza al amanecer, cuando los vientos son más suaves. El proceso de inflado del globo es un espectáculo en sí mismo: la tela yaciente cobra vida lentamente con el potente sonido del quemador, hinchándose hasta transformarse en ese gigante de vivos colores que se yergue contra el cielo del alba. Subir a la barquilla es un momento de expectación. No hay puerta que se cierre con hermeticidad, estás en un cesto abierto, sintiendo el aire fresco de la mañana.
Flotando en la tranquilidad del viento
Entonces, casi sin darte cuenta, el suelo se desprende de tus pies. El despegue en globo es sorprendentemente suave, una elevación vertical tan gradual que a veces solo te das cuenta cuando las casas y los árboles empiezan a empequeñecerse. Es aquí donde llega la magia absoluta. El silencio, roto solo por el ocasional whoosh del quemador, es sobrecogedor. Flotas, literalmente flotas. No hay vibraciones, no hay ventanillas que se interpongan entre tú y el paisaje. La sensación de paz es profunda, casi meditativa. Desde las alturas, el mundo se revela con una belleza distinta. En la Península, puedes flotar sobre los campos de La Alcarria en Castilla-La Mancha, con sus mosaicos de cultivos, o sobre los vinculados de La Rioja, con sus viñas ordenadas en hileras infinitas. Pero es en Canarias donde esta experiencia adquiere un carácter casi sobrenatural. Imagina sobrevolar la isla de Lanzarote, con su paisaje volcánico lunar, viendo las sombras alargadas de los conos sobre la tierra negra y rojiza al amanecer. O flotar sobre los valles del norte de Tenerife, entre el mar de nubes que a menudo cubre las medianías, asomándote a un océano blanco bajo tus pies, con el pico del Teide emergiendo como una isla en un mar algodonoso. La perspectiva aérea te regala una comprensión nueva de la geografía, una apreciación por la escala y la belleza de la naturaleza que es imposible de adquirir desde el suelo. El aterrizaje suele ser una parte divertida de la aventura, a veces con suaves arrastres, y tradicionalmente se celebra con un brindis con cava, coronando una experiencia que es, ante todo, un regalo para los sentidos y para el espíritu.
Regalar cualquiera de estas dos experiencias en el contexto de Canarias o España no es solo regalar una actividad; es regalar un pedazo de cielo y una memoria imborrable. Cada una habla a facetas diferentes de la persona. El simulador atraerá a quien disfrute de los retos, de la técnica, de la superación personal y de la emoción controlada. Es una experiencia ideal para compartir en pareja o incluso en familia, pues muchos centros ofrecen la posibilidad de que un acompañante observe desde la posición de copiloto o desde fuera, siguiendo la acción en pantallas. El vuelo en globo, por su parte, es el regalo perfecto para soñadores, para parejas que buscan un momento romántico e inigualable, para fotógrafos aficionados o profesionales ávidos de perspectivas únicas, y para cualquiera que necesite desconectar del ritmo frenético y reconectar con la calma y la belleza natural. La flexibilidad estacional en Canarias, con su clima primaveral casi todo el año, hace que sea un regalo viable en cualquier fecha, sin depender de las estaciones más frías.
Ambas opciones se enmarcan en la creciente tendencia del turismo experiencial, donde lo que se busca no es acumular objetos sino vivencias que enriquezcan la propia historia personal. Al regalar un certificado para un simulador de vuelo o un paseo en globo, estás ofreciendo mucho más que un simple vale. Estás ofreciendo la anticipación de ese día especial, la narración de la experiencia mientras se vive, y el recuerdo que se evoca una y otra vez en el futuro. Son regalos que no caducan en el alma, que fomentan la conexión emocional y que a menudo marcan hitos: un aniversario, un cumpleaños significativo, una celebración de un logro importante. La logística para adquirirlas es sencilla y existen empresas con una trayectoria sólida y un enfoque en la seguridad máxima, especialmente crucial en actividades aéreas, que permiten realizar la reserva de manera ágil para luego canjearla en la fecha deseada.
Tanto la precisión técnica y la adrenalina del simulador como la serenidad flotante del globo ofrecen una escape de lo ordinario, una oportunidad de tocar, aunque sea brevemente, la realidad de los aventureros del aire. En un lugar de belleza tan variada y extrema como España y sus islas Canarias, estas experiencias se potencian, convirtiéndose no solo en un vuelo, sino en un viaje sobre algunos de los paisajes más espectaculares del planeta. Es una forma de honrar la pasión por la aviación o el amor por la naturaleza, de crear una historia personal única que empezará con las palabras «recuerdo cuando piloté un avión» o «recuerdo cuando floté en silencio sobre los volcanes al amanecer». Y al final, eso es lo más valioso que se puede regalar: un capítulo brillante y emocionante en el libro de la vida de alguien, escrito no con tinta, sino con viento, nubes, tecnología y la infinita belleza de ver el mundo desde las alturas.
Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.